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El día después

Una eventual salida de Maduro y de su círculo cercano no supone, necesariamente, el cierre de un ciclo.

Mucho se está hablando sobre las opciones que ha puesto Trump sobre la mesa, pero poco se está reflexionando sobre el día después de cualquiera que sea el desenlace. El día siguiente puede abordarse desde diferentes ángulos, como la reconstrucción del país en el área económica y social, el rescate de la confianza mutua, la justicia transicional, entre otras. En esta oportunidad nos centraremos en el manejo de la gobernabilidad y de la potencial conflictividad.

Un primer elemento para tener en cuenta es el perfil del actor principal que mueve los hilos en este momento. Es un acosador político. Una paz sostenible y duradera no está en la agenda de Trump.  Lo suyo es la imposición de una agenda que no tiene en el centro los valores centrales de la democracia occidental. En su búsqueda de la paz, ha humillado a Ucrania, despreciado a Palestina, amenazado a Nigeria y usado fuerza letal contra civiles bajo el cuestionable argumento de la lucha contra las drogas. Ni siquiera conoce el nombre de algunos de los países cuyo proceso de “paz” supuestamente ha facilitado.

Un segundo factor que considerar es el de la alternabilidad como un componente esencial de la democracia. Cuando hay institucionalidad, hay alternabilidad. Unos suben, otros bajan, pero la institucionalidad garantiza que quienes ganan pueden gobernar y que los que pierden no son decapitados ni física ni políticamente. En Venezuela, el concepto de alternabilidad ha sido destruido, no desde el punto de vista filosófico, sino desde la perspectiva de la cultura política. La convivencia ha sido sustituida por la idea de que el ganador se lo lleva todo y, que en el mejor de los escenarios, se impone una cohabitación que le resulta funcional al poder.

En tercer lugar, se puede anticipar que el día después habrá fiesta, algarabía, pero también, muy posiblemente, cacería de brujas. Lo vivimos en 2002, cuando se produjo el golpe de estado de Carmona. ¿Por qué sería distinto si la represión ha aumentado y la dupla Machado – González no han tenido un mensaje de contención? Son muchas las heridas abiertas y plantear el debate sobre la justicia transicional presenta enormes retos. Por una parte, porque hablar de transición está prohibido y puede acarrear persecución desde el gobierno. Por otra parte, porque el sector de quienes pretenden normalizar el status quo ven la búsqueda de la verdad y la justicia como un factor incómodo e inconveniente a su visión de transición, con norte en una ilusoria alternancia en 2030.

En cuarto lugar, hay que recordar la presencia de diversos grupos armados irregulares en Venezuela. Un informe publicado por AlertaVenezuela en 2023, daba cuenta de la presencia de diferentes grupos irregulares, con control territorial y capacidad de gobernanza en 21 de los 23 estados del país. En aquel momento, advertíamos que la ausencia de estrategias de transición que tuvieran en cuenta la existencia de los actores armados era percibida por personas entrevistadas como un escenario potencial de resistencia y conflicto por parte de estos grupos, en el caso hipotético de que la oposición ganase las elecciones de 2024. Algunos entrevistados llegaron a sostener que tal escenario podría desembocar en un conflicto armado. Dos años más tarde, el panorama es más complicado, debido a que dos de estos grupos armados irregulares tienen su origen en Colombia, donde la propuesta de Paz Total del presidente Petro ha hecho agua, conduciendo al fortalecimiento de estas organizaciones en territorio venezolano.

En definitiva, el día después puede presentar complejos retos sobre los que la sociedad civil debe comenzar a reflexionar desde ahora. Entre las interrogantes que se plantean, se encuentran ¿Cómo hacer contrapeso a posiciones revanchistas, aún si el hacerlo resulta impopular? ¿Cómo enfrentar, desde el punto de vista de la seguridad de las organizaciones, una posible situación de violencia? ¿Cómo mantener en la agenda la legítima exigencia de las víctimas para que prevalezca la verdad y la justicia? ¿Cómo navegar en un escenario donde grupos armados irregulares cercanos al chavismo pueden convertir a las organizaciones de la sociedad civil en blancos de su acción violenta? ¿Qué acercamientos deben hacerse en espacios multilaterales disminuidos y dominados por interese ajenos a la paz, la democracia y los derechos humanos? ¿Cómo enfrentar posibles negociaciones a espaldas de un electorado que masivamente dio un mandato de cambio democrático?

No cabe la menor duda de que Edmundo González y María Corina Machado poseen una incuestionable legitimidad de origen para asumir las riendas del poder en Venezuela, pero esa legitimidad de origen debe ir acompañada de una legitimidad de desempeño. El “como sea” y el “por las buenas o por las malas”, con que Maduro advirtió en 2015 y 2024 respectivamente sobre sus aspiraciones a permanecer en el poder por cualquier medio, no valen para el día después. Si «hasta el final» no se llena de contenido, ni busca aliados democráticos más allá de los Trump, Bukele, Milei y Vox, puede conducir a una etapa de alta conflictividad social y política. Los factores moderados y democráticos de la comunidad internacional tienen la obligación de poner freno al acoso político, si se quiere evitar un remedio más nocivo que la enfermedad.