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Nobel de la Paz: a reimpulsar el mensaje del 28J

María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025

La líder opositora María Corina Machado fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz. El Comité Noruego del Nobel expresó en un comunicado que había elegido a Machado “por su incansable labor de promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha para lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”. 

El premio representa un reconocimiento a su labor durante las elecciones presidenciales de 2024, en las que dirigió un movimiento que no sólo reimpulsó la vía electoral en las peores condiciones, capitalizando una victoria por amplia mayoría con Edmundo González Urrutia, sino que organizó adentro y afuera de Venezuela la defensa del voto a través de la resistencia pacífica y el uso de los mecanismos convencionales del Derecho Internacional.

Hay muchas aristas desde las cuales se podría analizar el premio concedido. Desde una dimensión política, es innegable que el laurel es un aliento a la lucha de las fuerzas democráticas venezolanas y abre el compás a nuevos escenarios políticos en virtud de posibles acciones que conduzcan a una negociación. Algunos expertos consultados sugieren que, similar al proceso de paz en Colombia con Juan Manuel Santos, el respaldo al trabajo en Venezuela otorga una legitimidad renovada a un actor clave, en este caso María Corina Machado, que la convierte en garante internacional de cualquier salida negociada de Maduro. Queda como reto que su figura pueda encauzar ese premio en dirección a una transición pacífica, es decir, en estricta consonancia con los valores que el premio busca promover, como el orden democrático y el respeto a los derechos humanos. Sobre este punto volveremos más abajo porque es donde los principales desafíos residen.

En el plano político se generan mensajes directos al régimen de facto. Por un lado, la comunidad internacional vuelve contra Maduro para que abandone el poder. Lo expresó la Unión Europea, la OEA, varios gobiernos europeos y de la región, el Centro Carter, y en esta línea se suma el Comité Noruego, entre otros actores. Los apoyos alcanzados al respecto son destacables. Por otro lado, la retórica contra Maduro es cada vez más incisiva y directa desde Estados antes más cautelosos como Noruega o Suiza. El gobierno ilegítimo reacciona con represión apresando a personas inocentes que compartieron en WhatsApp la noticia del premio a Machado, censurando a medios con despedidos de sus periodistas, y cerrando la embajada de Noruega. Maduro, sin embargo, debe reconocer que María Corina Machado es la protagonista de la oposición y con quien debe entenderse si desea cesar la crisis y permitir la pacificación de Venezuela con un gobierno de transición democrática dotado de suficientes garantías. Él, al final, es el principal responsable sobre lo que suceda en el porvenir del conflicto político y es quien posee la llave para favorecer un desenlace pacífico.

Ahora bien, los mensajes más importantes están dirigidos a la líder de la oposición. La comunidad internacional insiste en que la salida de la dictadura -por más “criminal” o “narcotirana” que se le califique- tiene que encauzarse por la vía institucional. En medio de tanto ruido insurreccional y militar por parte de Estados Unidos, María Corina Machado recibió el Nobel de la Paz. Este gesto no podría tener un significado más explícito: el respaldo internacional a su figura reposa precisamente en la construcción de la vía democrática que logró articular en los meses electorales y es ese el camino que levanta confianza y mayor margen de acción. Como señala otro analista, el Comité Noruego no habló de “cartel de los soles” ni de “narcoestado”, sino del 28 de julio, tema que parece ser olvidado por Machado y su equipo, en un intento por pasar la página y cambiarla por la agenda de un gobierno extranjero que tiene intereses distintos a los que necesita Venezuela.

En realidad, María Corina Machado y el gobierno del Estados Unidos podrán coincidir en sacar a Maduro del poder, pero la unión llega hasta allí. Al segundo no le interesa necesariamente una transición democrática, ni las consecuencias de una eventual operación armada dentro del país. En cambio, a Machado sí tiene que importarle. Como líder de la oposición, asume la responsabilidad de hacerse cargo del día después: asegurar la transición democrática, ordenada y pacífica, evitando daños adicionales a los acumulados por la sociedad venezolana. Su capacidad de perseverar e inspirar tiene que servir consistentemente a esos fines, procurando aglutinar las fuerzas democráticas para provocar una salida negociada a la crisis venezolana. Por contrapartida, debe desmarcarse de la violencia, incluyendo de narrativas ajenas que está lejos de poder controlar.

De manera tal que el principal desafío de la conducción de Machado consiste en asegurar las alianzas políticas que considere relevantes, coordinando acciones de mayor presión para la negociación, y cuidando de no desdibujarse como líder democrática que surgió del mandato del 28 de julio. Eso implica replantear su rol como dirigente que no guarda silencios o posiciones ambiguas frente a las injusticias contra los venezolanos adentro y afuera del país, porque los abusos niegan salidas reales y sostenibles. En esencia, la dirigente opositora organizó una salida electoral y acaba de revitalizarse para construir el músculo que lleve a redemocratizar Venezuela. Corresponde ahora el diseño de la ruta de la defensa del voto reactivando las fuerzas democráticas alrededor de la causa venezolana.

A su turno, la comunidad internacional está llamada a reaccionar a tono. Si su intención es la transición pacífica en Venezuela, entonces le atañe una responsabilidad compartida en comprometerse a lograr la reconquista de los valores de la democracia liberal que hoy occidente está perdiendo gracias a regímenes como el venezolano y, en cierta medida, el de el mismo EE.UU. El Derecho Internacional debe responder en contraposición a cualquier escenario violento. Los Estados democráticos, manteniendo los cauces pacíficos, deben ir más allá de los mecanismos convencionales y coordinar acciones que obliguen a Maduro a cesar la represión y abrir la transición democrática. Para esto la articulación con quien lidera la oposición venezolana es fundamental, pero también con la sociedad civil y otros actores del espectro político. Quizá la primera acción es detener la infame diplomacia de rehenes, un chantaje que sólo oxigena al gobierno y multiplica las víctimas. Sin una victoria de la comunidad internacional, desde el protagonismo de actores clave como el Secretario General de la ONU, difícilmente Machado y las fuerzas democráticas puedan alcanzar su cometido y Venezuela pasará a lamentar lo que ha sido otra oportunidad fallida de cambio.